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Cada día que pasa nos damos cuenta de la importancia y la necesidad que como seres humanos tenemos de vivir rodeados de naturaleza.

Vivimos muchas veces en un ritmo de vida frenético, estresante y acelerada. Con un sin fin de estímulos que nos hacen desconectar y nos alejan de nuestros auténticos propósitos vitales.

Poco a poco las sociedades están despertando y se están dando cuenta de lo antinatural y agotador que es vivir de esta manera.

Nos damos cuenta que cuando pasamos un tiempo rodeados de naturaleza entramos en un estado de relajación, euforia, armonía, bienestar, alegría… que nos permite volver a conectarnos con nuestra esencia más humana.

Entramos en un estado de claridad mental y conexión espiritual que nos hace sentir realizados y conectados con el aquí y el ahora. Somos conscientes de lo que realmente queremos y nos hace caminar por nuestros caminos de una manera más natural y sana.

Porque vivir en contacto con la naturaleza es sanador para el cuerpo, mente y alma y a su vez nos ayuda a seguir caminando más ligeros de equipaje (sobre todo mental).

Por más que el mundo y las sociedades evolucionen no nos podemos olvidar que el ser humano necesita la tierra tanto como necesitamos el aire para respirar. No solamente para sentirnos en paz y en armonía sino que también para poder vivir.

Es por eso que hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos tenemos que generar hábitos sostenibles en nuestra forma de vida y vivir de una forma ética que ayude a conservar y cuidar todos los elementos naturales de nuestra madre tierra.

Como viajero empedernido y aventurero eco humanitario me produce mucha tristeza ver como la gran expansión que hubo en la industria del plástico hace 60 años llenó los océanos, ríos, bosques, campos, montañas y el mundo entero en un auténtico vertedero de basura inorgánica que está causando daños ecológicos y humanitarios casi irreversibles.

“Por que seamos realistas. Las consecuencias por nuestros malos hábitos y formas de vivir afectan igual de negativamente al medio ambiente que a nosotros mismos”

Es como el pez que se muerde la cola. Qué sentido tiene contaminar y no cuidar nuestro planeta si es nuestro sustento y lo que nos da la vida. Qué sentido tiene contaminar los ríos, océanos, campos y bosques si es donde conseguimos nuestros nutrientes esenciales para vivir.

Tenemos que cuidar al planeta de la misma manera que cuidaríamos a nuestra madre. La mayoría de personas dejaría todo por cuidar a su madre si estuviera enferma. Entonces ¿por qué no cuidar a nuestra madre tierra que también nos da la vida?

La madre tierra está enferma y necesita que sus hijos codiciosos cambien sus formas de vida y empiecen a cuidarla antes de que la enfermedad ya sea irreversible del todo y nos tengamos que arrepentir todos por no haber empezado antes a cuidarla y estar en sintonía con ella.

Una de las medicinas que ayudarán a nuestra madre tierra a poder recuperarse poco a poco es que practiquemos estas 3 reglas básicas de consumo:

REDUCIR, REUTILIZAR Y RECICLAR

Estas 3 palabras van  siempre conmigo en mi mochila cuando viajo y como gran adepto y simpatizante al turismo responsable y ecológico intento llevarlas a cabo siempre que puedo. Como viajero consciente me gusta sensibilizar y enseñar a otras personas sobre la importancia de practicar estos 3 hábitos. Como siempre predicar con el ejemplo es la mejor manera de influir en los demás.

El planeta tierra es un gran tesoro con una infinidad de maravillas naturales y de seres vivos que hacen de este mundo un paraíso y un lugar perfecto para vivir. Despertemos y empecemos a vivir de una manera más ética y consciente.

Isak